La Batalla de las Navas de Tolosa

Sierra Morena, 16 de Julio de 1212

Breve Introducción

La batalla de Las Navas de Tolosa enfrentó el 16 de julio de 1212, cerca de la actual localidad de Santa Elena (Jaén), a un ejército aliado cristiano formado en gran parte por las tropas castellanas de Alfonso VIII de Castilla, las aragonesas de Pedro II de Aragón, las navarras de Sancho VII de Navarra y por voluntarios del reino de León y del reino de Portugal contra el ejército numéricamente superior del califa almohade Al Nasir. Es una de las batallas más importantes de la reconquista y de la Historia de España.

Se había llegado a esta situación tras más de cinco décadas en las que la mayoría de los reinos cristianos peninsulares –Portugal, León, Castilla y Aragón– habían tenido que soportar la presión de los almohades. En mayor o menor medida, todos ellos habían sufrido derrotas y, en algunos casos, importantes pérdidas territoriales. La experiencia castellana había sido particularmente nefasta: en 1195 sus ejércitos habían sido destrozados en las llanuras de Alarcos y las fronteras meridionales del reino, al sur del Tajo, se habían derrumbado tras dos dramáticas series de campañas musulmanas. Apenas un año antes del encuentro de Las Navas de Tolosa, en 1211, la fortaleza calatrava de Salvatierra había sido expugnada por un gran ejército almohade. El golpe estratégico y, sobre todo, simbólico de aquel quebranto estremeció a no pocos contemporáneos: “¡Oh, cuánto llanto de hombres, gritos de mujeres gimiendo todas a una y golpeando sus pechos por la pérdida de Salvatierra!”, exclamaba el obispo Juan de Osma; “por él lloraron las gentes y dejaron caer sus brazos”, ratifica el arzobispo de Toledo. No obstante, con la perspectiva de los años estos mismos autores acabarían interpretando que el daño padecido en Salvatierra había sido providencial, puesto que, haciendo honor a su nombre, la pérdida de aquel castillo espoleó a todos para preparar una respuesta que, a la postre, “salvó la tierra”.

Comienza aquí una épica historia. Sin ningún enclave cristiano a menos de 100 km, rodeados de enemigos y alejados de sus bases, los bravos freires, encastillados en Salvatierra, combaten a los almohades y hostigan sus rutas de comunicación y abastecimiento.
Trece años de continuas luchas y feroces combates hasta que en 1211, Al-Nasir, obsesionado por las campanadas con que los caballeros calatravos cubrían el canto del muecín en el corazón de su reino, ataca con todas sus tropas la fortaleza. No tardó en caer en manos del ejército califal la población levantada en la ladera y luego las defensas exteriores. Pero ni las máquinas de asedio emplazadas, que lanzaban piedras “grandes como montañas”, ni las lluvias de flechas “tantas que sus hierros chocaban unos contra otros”, podían con los freires, que rechazaban uno tras otro los intentos de asalto del ejército almohade.

Los freires de Calatrava se vieron obligados a capitular ante ejército de Al-Nasir 51 días aguantaron los de Calatrava. Y no entregaron el castillo hasta que el propio Alfonso VIII les rogó que conservaran sus vidas y volvieran a tierras cristianas. Así, volvió la fortaleza a manos musulmanas y tornaron sus campanarios en almuédanos. Al-Nasir volvía a controlar el acceso a Castilla y mantenía expeditos los caminos hasta Toledo.

Castilla se tambaleaba y si caía, Europa entera estaría en peligro. Esta amenaza es la que convence al papa Inocencio III para convocar la cruzada que se resolverá en las batalla de las Navas de Tolosa.

Casa Rural El Jabalón